
El verde que nos falta: espacios verdes, desigualdad y agenda metropolitana en la RMBA
Leonardo Fernández Investigador-docente del Instituto del Conurbano. Director de la Lic. Ecología de la UNGS
Menos de dos metros cuadrados
Cada 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente convoca a pensar la relación entre las ciudades y la naturaleza. En la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA), esa relación tiene un dato de partida difícil de ignorar: el promedio de espacios verdes públicos por habitante no supera los 2 m², muy por debajo del estándar internacional de 10 m² recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Pero ese promedio esconde algo peor: la desigualdad. Mientras algunos municipios cuentan con reservas, parques consolidados y acceso a la ribera, vastas zonas del conurbano tienen escasa cobertura vegetal, pocas plazas y alta exposición a fenómenos como el efecto de isla de calor y los anegamientos por lluvias intensas.
El déficit verde en el RMBA no es solo una cuestión de metros cuadrados: es una expresión territorial de la desigualdad. La calidad, la accesibilidad y las condiciones de uso del verde no se distribuyen de la misma manera entre distritos centrales y periferias, entre municipios con mayor y menor capacidad fiscal, entre sectores con acceso a amenidades privadas y sectores que dependen exclusivamente del espacio público.
Algunos datos sobre la disponibilidad y la accesibilidad a los espacios verdes en el conurbano se abordan en la nota ¿Cuánto tenés que caminar para llegar a una plaza? Espacios verdes urbanos y accesibilidad en el conurbano de Paula Segovia y Pamela Flores que también forma parte de este boletín.
Una historia política del verde
Para entender el presente hace falta mirar hacia atrás. Los espacios verdes metropolitanos no son el resultado de procesos naturales: son construcciones históricas cargadas de sentidos, apropiaciones y disputas.
La primera gran intervención data del higienismo del siglo XIX, cuando Sarmiento impulsó la creación del Parque Tres de Febrero en 1875 sobre los terrenos que pertenecieron a Rosas. Rellenar tierras bajas, forestar y construir paseos eran prácticas que articulaban salud pública, moral ciudadana y proyecto civilizatorio. El verde nació como dispositivo de orden, no como derecho.
Durante el primer peronismo, el verde se integró a una estrategia redistributiva: la Operación Ezeiza expropió más de seis mil hectáreas al suroeste del conurbano para construir el aeropuerto, pero también parques, balnearios y el barrio jardín Ciudad Evita. Los Bosques de Ezeiza y el Parque Pereyra Iraola fueron concebidos como bienes públicos para el esparcimiento obrero. Fue uno de los antecedentes más sólidos de una planificación del verde con orientación inclusiva y redistributiva, interrumpida abruptamente tras el golpe de 1955.
En la dictadura cívico-militar, el CEAMSE proyectó un cinturón ecológico metropolitano de unas 30.000 hectáreas: green belt, anillo vial y rellenos sanitarios regionales. Combinó criterios sanitarios, militares y urbanísticos, y dejó marcas territoriales persistentes —algunas resignificadas hoy como reservas naturales, otras como colinas de basura que superan los 35 metros de altura (figura 1).

Figura1. Un cinturón ecológico en el área metropolitana. Tres dimensiones del cinturón ecológico (1978), una cintura física en la metrópolis (green belt), un anillo vial metropolitano (park-way) y rellenos sanitarios (landfill) como proyecto de metrópolis a escala regional. Fuente: Archivo histórico de la Biblioteca del CEAMSE.
La década de 1990 convirtió el verde en mercancía: desde los barrios cerrados hasta los parques temáticos, el espacio abierto se valorizó como «amenidad» privada. El verde se fragmentó, se privatizó y se distribuyó siguiendo la lógica del mercado inmobiliario.
Verde como infraestructura, no como ornamento
Frente a ese recorrido, la pregunta que organiza la agenda contemporánea es cómo revertir esa lógica. La respuesta no pasa por plantar más árboles o inaugurar más plazas —acciones necesarias pero insuficientes—, sino por una transformación conceptual: reconocer al verde como infraestructura metropolitana esencial, con las mismas implicancias institucionales, normativas y presupuestarias que tienen el agua, el transporte o la energía.
Desde el enfoque de la infraestructura ecológica, el verde no es un «vacío urbano» ni una superficie decorativa: es un sistema funcional que articula componentes verdes —plazas, parques, reservas, baldíos, arbolado—, azules —ríos, humedales, riberas, zanjas— y grises —trazas ferroviarias, bordes de autopistas, áreas institucionales. En su interacción, estos componentes sostienen funciones vitales: regulación hídrica, mitigación de olas de calor, captura de carbono, amortiguación de inundaciones, conectividad biológica, salud física y mental, recreación y cohesión social.
La RMBA tiene, además, un potencial que pocas metrópolis del mundo pueden exhibir: se despliega sobre tres unidades biogeográficas —el estuario rioplatense, la pampa húmeda y el delta inferior— que conservan relictos de pastizal pampeano, talar y selva marginal. El Delta del Paraná, las riberas del Río de la Plata, las cuencas del Matanza-Riachuelo y el Reconquista, los humedales de Laguna Rocha y Santa Catalina, el periurbano de Campo de Mayo: son ecosistemas estratégicos que pueden actuar como verdaderas defensas naturales frente al cambio climático, si se los protege en lugar de urbanizarlos.
El análisis de imágenes satelitales mediante el índice NDVI muestra que esta matriz verde existe, con vínculos visibles a lo largo de corredores fluviales y ferroviarios. El problema es su discontinuidad funcional: la urbanización fragmentó progresivamente ese entramado, dejando islas verdes en lugar de redes (figura 2).

Figura 9. NDVI y regiones ecológicas en la RMBA. 1: Ex Ciudad Deportiva, 2: Costa Salguero-Punta Carrasco, 3: Hudson, 4: Campo de Mayo, 5: San Sebastián, 6: Laguna Rocha, 7: Puertos del Lago, 8: Delta en formación (Primera sección). Fuente: Imagen satelital: CONAE, 9-05-2020. Plataforma: Satélites Aqua & Terra Instrumento: MODIS Sensor: MODIS Proveedor: NASA – EOSDIS. Capa vectorial: IGN Proyecto SIG-250 (capas shapefile: cursos de agua, cuerpos de agua, ferrocarriles y rutas). El procesamiento y análisis de imágenes se realizaron con el software QGIS 3.6.
Lo que el conurbano tiene y no aprovecha: los 800 km de traza ferroviaria
Uno de los activos metropolitanos más subestimados es la red ferroviaria. La región cuenta con cerca de 800 km lineales de trazas ferroviarias, muchas de ellas subutilizadas o en desuso parcial. Esos corredores representan un potencial formidable para consolidar una red de espacios verdes lineales que conecte barrios segregados, restituya continuidad ecológica al paisaje e incorpore equipamientos descentralizados: viveros de plantas nativas, huertas comunitarias, áreas recreativas, sendas peatonales.
La experiencia de la Reserva Natural Urbana El Corredor en San Miguel —un proyecto de investigación-acción desarrollado por el ICO-UNGS junto al municipio y la comunidad— muestra que este modelo es viable: 7 hectáreas sobre la antigua barranca del Reconquista, que conecta un corredor verde lineal paralelas al ferrocarril, convertidas en un espacio de conservación, educación ambiental y uso comunitario. No requirió grandes inversiones: requirió decisión política y articulación institucional (figura 3). Una de las Memorias de la Licenciatura en Ecología, realizada por Jonathan Bulbo, analizando la dinámica del estanque, se encuentra disponible en la biblioteca.

Figura 3. Reservas naturales urbanas. Una experiencia de investigación-acción elaborada por un equipo de trabajo del Instituto del Conurbano, el Centro de Servicios de la UNGS, y la Fundación de la Universidad Nacional de General Sarmiento articulando con el Municipio de San Miguel y la comunidad durante 2011-12. Fuente: Fernández, Piaggio y Bardelás, 2011.
Una agenda en tres ejes
El desafío no es sólo técnico: es político e institucional. El verde en la región metropolitana está fragmentado entre decenas de jurisdicciones —municipios, provincia, nación, organismos sectoriales— sin una política común que lo articule. La principal debilidad no es la falta de espacios: es la ausencia de gobernanza ambiental a escala metropolitana.
Una agenda estratégica para el verde metropolitano puede organizarse en torno a tres ejes:
Reconocimiento. Identificar y valorar los componentes del verde —formales e informales, urbanos y periurbanos— como soporte de servicios ecosistémicos y derechos colectivos. Esto implica mapear y proteger tanto grandes corredores ecológicos como pequeños espacios intersticiales: baldíos, márgenes de arroyos, bordes institucionales. Lo que no se nombra, no se protege.
Conectividad. Integrar esos elementos en redes ecológicas interconectadas que permitan el flujo de agua, energía, biodiversidad y personas. Corredores fluviales, trazas ferroviarias, bordes de autopistas y avenidas anchas son las costuras posibles de ese tejido. Una red verde no requiere construir desde cero: requiere conectar lo que existe.
Justicia territorial. Priorizar las zonas con déficit crítico, alta vulnerabilidad social y mayor exposición al riesgo climático. El verde no puede seguir distribuyéndose según el precio del suelo. Reconocerlo como bien común implica políticas redistributivas: liberar tierra pública, regular el mercado inmobiliario en áreas periurbanas estratégicas, financiar municipios con menor capacidad fiscal para crear y mantener espacios públicos de calidad (figura 4).

Figura 4. Sistema de Áreas Verdes en el Área Metropolitana de Buenos Aires
El mapa representa una aproximación a la configuración actual y potencial del sistema de áreas verdes en la RMBA, integrando reservas naturales, parques urbanos, corredores fluviales, viales y ferroviarios, así como grandes ecosistemas estratégicos como el Delta, el periurbano y el frente costero del Río de la Plata. Elaborado en 2007, este esquema busca superar la visión fragmentaria del verde metropolitano y propone una lectura ecológica e integrada del territorio. Forma parte de un enfoque que concibe los espacios verdes como infraestructura metropolitana esencial, enmarcada en nociones de sistema complejo, biodiversidad y desarrollo sostenible, y que orienta líneas de acción hacia una estrategia metropolitana de áreas verdes. Fuente: Elaboración propia, diciembre de 2007. Imagen incluida en el libro Biodiversidad urbana (2011).
Verde en tiempos de negacionismo
El 5 de junio llega en un contexto en el que el negacionismo ambiental no es solo una posición intelectual sino una política de gobierno: recorte de la obra pública ambiental, desfinanciamiento de programas de ambiente, avance de la urbanización sobre humedales sin marcos regulatorios adecuados. La revisión del Decreto Ley 8912/77 de ordenamiento territorial de la provincia de Buenos Aires —en proceso de debate— es una oportunidad concreta para incorporar la protección de humedales y la función ecológica del periurbano en el marco normativo. Esa ventana no estará abierta indefinidamente.
El verde metropolitano no es una cuestión estética ni un lujo. En una región metropolitana de 16 millones de personas expuesta a olas de calor cada vez más intensas, a inundaciones recurrentes y a una crisis de biodiversidad acelerada, los espacios verdes son infraestructura de supervivencia. Tratarlos como ornamento es una decisión política. Reconocerlos como derecho colectivo también lo es.
Desde el territorio: dos procesos en marcha
Esas experiencias no son únicas. En el área de referencia directa de la UNGS se están desarrollando procesos similares que muestran que la agenda del verde metropolitano tiene raíces en el territorio. En el Campo La Juanita —un predio de unas 90 hectáreas en Grand Bourg, Malvinas Argentinas, que funcionó como basural a cielo abierto durante más de veinte años— una asamblea de vecinos y vecinas logró en 2021 el cierre del basural tras quince años de lucha, y trabaja desde entonces en su reconversión como reserva natural y humedal. El ICO-UNGS acompañó ese proceso a través de proyectos de curricularización de la extensión
En José C. Paz, el proceso en torno al Arroyo Pinazo muestra otra dimensión de esta agenda: la METRAM —red de organizaciones ambientales del distrito— impulsó la Ordenanza 1749/2023, que declaró la ribera del arroyo como biocorredor nativo e histórico y Área Protegida, con respaldo provincial e institucional. Docentes y estudiantes de la UNGS participaron en relevamientos ambientales del corredor. Dos municipios, dos procesos distintos, una misma lógica: la organización comunitaria como condición de posibilidad de sumar elementos a una infraestructura ecológica metropolitana.
Para saber más
— Fernández, L. (2025). «El verde como infraestructura metropolitana». Cap. 39 en ¿En qué conurbano queremos vivir? Vol. III. Descarga gratuita: aargentinapciencias.org/publicaciones/libros
— Garay, D. y Fernández, L. (2013). Biodiversidad Urbana. Apuntes para un sistema de áreas verdes en la región metropolitana de Buenos Aires. UNGS. ungs.edu.ar/ediciones
— Campo La Juanita: cobertura UNGS. ungs.edu.ar
— Relevamiento ambiental en el Arroyo Pinazo, UNGS (2023). ungs.edu.ar
— Ordenanza 1749/2023, Concejo Deliberante de José C. Paz.