«Estamos sosteniendo esto para cuando pase la tormenta»

Graciela Capodiglio es docente y cofundadora de la Reserva Natural de Pilar, un proyecto que condensa la recuperación de flora y fauna nativa y que se desarrolla como espacio para el aprendizaje. En esta entrevista, nos habla sobre el encuentro de actores realizado en la Universidad Nacional de General Sarmiento, los vínculos con la comunidad y desafíos que impone el contexto actual para el activismo ambiental.

 

Desde el espacio de la Reserva Natural Municipal de Pilar ¿Cómo estructuran hoy su trabajo para fortalecer la preservación y qué herramientas consideran fundamentales para proteger estos territorios con relevancia ambiental?

GRACIELA: – La Reserva Natural Municipal de Pilar nació hace 23 años. Con una amiga, Liliana Murga, creamos la Asociación Patrimonio Natural, que nosotras decimos que tiene cuatro patas y una cola. Es decir, tenemos educación ambiental, un programa de recuperación de residuos, la reserva, el vivero de plantas nativas y ,en la pandemia cuando se cerraron todos los refugios, comenzamos a tener un lugar para recuperar la fauna silvestre. En la reserva ponemos el acento en la educación ambiental, eso es lo que más me da esperanzas. De lunes a viernes tenemos dos escuelas que visitan la reserva y los fines de semana tenemos un montón de visitantes, generalmente grupos scout o universitarios que realizan estudios. La reserva tiene una vida cultural donde la educación ambiental pesa, y creo que trabajar la problemática de las cuencas en esos ámbitos es saludable.

La cartelería del área cuenta con carteles interactivos donde se presenta la línea de Ribera y la importancia de la misma. Creo que un error de los ambientalistas que estamos en lucha es no difundir esta ley que ya existe y que dice que hasta donde llega el promedio de la inundación, las tierras pertenecen al Estado. En esas condiciones, lo que estamos diciendo es que el humedal es del Estado. Creo que serviría trabajar con la difusión para hacer que las personas entiendan que esta es una herramienta para proteger el acceso al agua, el acceso al río, el esparcimiento, pero también para la protección de las cuencas que después van a ser el recurso para que tengamos de agua. Nuestra reserva, por ejemplo, está toda dentro de la línea de Ribera y es nuestro gran argumento para que nadie se pueda meter ahí. También creo que nos está haciendo falta utilizar la Ley Nacional de Educación Ambiental, que atraviesa todos los sistemas educativos para trabajar más coordinados.

 

¿Cómo es el recorrido que realizan diversas instituciones educativas en la reserva?

GRACIELA: –  El recorrido de la reserva comienza cuando los chicos de la escuela dejan sus cosas y comenzamos a charlar en un lugar donde tenemos mesas con neumáticos llenos de telgopor. Mostramos siempre una foto para que vean que este lugar antes era un basural, comparamos con lo que se ve hoy y analizamos el valor de la resiliencia. Durante la caminata vemos la relación flora-fauna, y ponemos el acento en la importancia del uso de plantas nativas y no exóticas.

Un gran problema que tenemos los ambientalistas es que siempre estamos dando malas noticias, y yo armo las visitas de tal manera que terminamos siempre con una solución. Un basural es un basural, pero fíjate cómo el neumático que salió del basural se transformó en una mesa. Luego tenemos un ejército de tortugas que toma sol en el río, a los chicos les encantan y eso nos posibilita hablar sobre su origen nativo y sobre el mascotismo, ¿Por qué no deben tener tortugas en sus casas? Ahí siempre aparece uno que tiene o que el abuelo tiene. El recorrido sigue por la compostera y terminamos en el vivero de plantas nativas.

Por ahora tenemos dos carteles y los auditorios que hizo la Universidad Nacional de Tres de Febrero que nos ayuda a que los chicos puedan darse lugar para escuchar y empezar a reconocer los ruidos del ecosistema. Uno de estos carteles es sobre humedales y costas del río, en ambos casos hay un QR, los docentes pueden llevarse ese QR y tienen un montón de información para poder seguir trabajando en la escuela con este tipo de cosas.

¿Cómo cambió en los últimos años el vínculo entre la comunidad y las organizaciones?

GRACIELA: Las organizaciones sociales estamos siendo el motor que mueve esto, creo que somos el motor que mueve todo lo que está a su alrededor. Hay una sociedad que está de acuerdo con lo que hacemos, pero que no se involucra. Nosotros desde la ONG, desde la Reserva, tenemos la gente que visita el lugar, que valora la importancia de la cuenca, la importancia del humedal, la importancia del río, de la biodiversidad; pero no participa. En este marco, cada vez tenemos menos voluntarios y estamos trabajando igual y tirando para adelante.

 

¿Por qué es importante la articulación entre estos espacios de diálogo, la academia y organizaciones del territorio?

GRACIELA: -Cuando creamos la reserva armamos la ordenanza para que el Concejo Deliberante, y como buena docente, en lugar de poner considerandos, puse objetivos. El primer objetivo fue Aula a Cielo Abierto, que es más bien un eje. Cuando una universidad, una secundaria, una primaria, un jardín, un grupo de educación se acerca a la Reserva, se multiplica la sabiduría de esa gente llevando la visión. La reserva rompe con el saber teórico y obliga al chico a experimentar y ver las huellas, los árboles. También nos vinculamos con universidades, por ejemplo, mañana viene una profe de General Sarmiento para unas tomas de muestra. O también tuvimos unos chicos, que ahora son ingenieros civiles, que para recibirse hicieron un proyecto sobre edificios, planos, mapas en la reserva. Esto también es romper con la lámina, es acercar la realidad, enseñar con el ejemplo o desde el análisis de las cosas que vemos o conocemos, que sentimos.

¿Qué relevancia y repercusiones tiene el encuentro de actores realizado en la UNGS?

GRACIELA: -Yo creo que la importancia de este tipo de encuentros sobre todo, es saber que no estás sólo. Porque a veces en este tipo de tareas uno está tan metido que no se da cuenta. En nuestro caso tenemos el vivero, charlas, bichos, tareas cotidianas que llenan nuestro tiempo, pero cuando nos juntamos con otros nos damos cuenta que estamos yendo todos para el mismo lado, y no somos tan pocos. Creo que es eso, aunque también creo que deberíamos encontrar la manera de hacer un trabajo más coordinado, porque estamos desbordados.  En el encuentro cada uno disertó, planteó una problemática, una historia, una experiencia y después intercambiamos miradas y nos ayudamos con consejos. Otra parte maravillosa de este tipo de encuentros es la parte afectiva, encontrarte con amigos y con colegas es muy valioso porque te ayuda a seguir adelante.

¿Qué medidas o acciones creés que se deberían seguir cara al futuro? 

GRACIELA: En este momento creo que las acciones son resistir. Es lo único que podemos hacer, es cruel, pero es la verdad. Pero ojo, resistir con alegría, resistir construyendo, porque si nosotros logramos sostenernos, cuando esto pase, que va a pasar, nos espera un mundo maravilloso. Hay que ir a la batalla felices, seguros, confiados, resistiendo; otra cosa no se puede hacer en este momento, que tiene que ser de una resistencia colectiva, de una resistencia positiva. Seguimos plantando, seguimos cuidando la fauna nativa, seguimos haciendo cosas, dando clases de educación ambiental, pero sabiendo que estamos sosteniendo esto para cuando pase la tormenta. Si todo es distopía, yo hablo de utopías, y muestro todo lo que va para adelante. Lo que no podemos hacer los ambientalistas, es regodearnos en el dolor, la frustración y la negatividad. Eso ahuyenta a los demás y dan ganas de no hacer nada, si todo está perdido para qué nos vamos a esforzar. En el encuentro de películas que armamos para el cine club de la reserva, siempre busco películas que tengan final feliz. Porque tenemos que armar algo que dé la posibilidad de construir.